Nov
19
Quería que escribiese sobre ella
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QUERÍA QUE ESCRIBIESE SOBRE ELLA
El éxito las hipnotizaba.
Tiró al suelo la pluma y el libro que le acababa de firmar y, en medio del gentío y los fotógrafos, se me abalanzó.
-Quiero que escribas sobre mí.
Era rubia como la madre que la parió. Con un culo… ¡ Argentina, joder!
Como yo era idiota de nacimiento, ella -Nieves Browbil- hizo, rrrrras, rrrrras y se quedó allí mismo en pelotas.
-¡Sobre mí!- subrayó, las tetas al aire, despendoladas como dos cencerros.
El sim quedó bloqueado en un segundo con las peticiones de amistad que llovieron sobre ella. Lo único que pude hacer fue poner los ojos en blanco.
Comprendiendo que, definitivamente, yo era tonto de baba, ella tensó su cuerpo de walkiria y entonó:
-¡Que me folles con la pinga y luego lo escribas, subnormal!
Intenté pensar el modo de decirle, con la máxima delicadeza, que la cosa no funcionaba exactamente así; el oficio de escribir…, en fin…
Aunque debo reconocer que lo de subnormal me había puesto la polla mirando para saturno.
-¿Te volviste gueaey?-me escupió.
Tuve una pequeña explosión dentro del cerebro y vi salir el humo por mis orejas, igual que en los dibujos animados.
Impactada por mi estupor, ella pareció pensarlo mejor y corrigió:
-¿Sos bisexual?
-¿O travestí?
-¿Estás operado?
-¿No te hiciste las tetas, ah?
Antes de contestar, me saqué del inventario 3 cigarrilos de marihuana y me los fumé por las orejas; uno por la izquierda y dos por la derecha.¡Se me pusieron de coloradas!
-No,no,no -salí musitando torpemente en mi defensa, y, por si acaso, añadí, en voz aun más bajita- ¡no!
-¿Qué coño sos vos, ahora que lo pienso?
Yo miré a mi espalda para ver dónde se había quedado mi respiración. Leeeeento siiiiileeeeeeeeeeeeeeeenciiiioooo. Sensación de hombre rana. . Glu… Glu,glu.. Bum,bum; bum,bum.
-Nooooooooooooooooooooooooo!- conseguí reventar, por fin, como cuando rompes con un grito de loco una pesadilla- ¡Yo soy del grupo Gallegos Molones de los Cojones!: ¡Maaás machoo NOOO se puede ser! ¡Arriba España!
Ella pareció entender, porque no necesitó palabras para retorcerme con una mano las costuras más íntimas del pantalón -¿dónde venderán las bolas para hacer eso, (¡wow!)?- y envueltos en ellas, lisa y llanamente, los mismísimos huevos:
-¿Querés hacer el puto favor de ponerme la pinga tiesa y follisquearme toda, gallego pendejo de los cojones?
Sucede. A veces la amantes son confusas, te vuelven loco enviándote señales ambiguas. A lo largo de la historia de la novela de cámara, quiero decir, porque ella había abierto las piernas de par en par -nadie podía poner en duda que se había gastado un dineral en pussy- y aquel mensaje franco, universal, era penetrable hasta por el último esquimalito enterrado bajo varias capas de hielo. ¿No lo iba a entender yo que lo tenía tan cerca que podía olerlo?
-Quitá ese puto video de Metallica, vicioso maricón, y vení pacá.
Sólo pude pensar en nada.
-Escribano -me dijo mientras clicaba ya una bola-: te voy a pegar una follada que se te va olvidar cómo se coge un lápiz.
¡Me estaban llamando para los Juegos Olímpicos! ¡Por fin! Desenrosqué para la ocasión el medio metro de polla King Size que vuelve locas a las elefantas brasileiras, esas de los caderones de trasatlántico.
A lo mejor lo he dicho antes. La cosa se puso seria cuando la dejé elegir música y puso en el freetube Sweet Burgundi, de Tommy Bolin. Los huevos se me cayeron al suelo.
-Ahhh, Tommy Bolin…-dije en el vacío
-Siií, ¿qué pasa?,
-Nooo…Ehhhh…
-¿No puedo, merluzo?
-Siiií
-Pues, ¡entonces! A ver, ¡poneme la polla dura de una puta vez!
-Ya tan pescao tontín-pensé.
Yo creo que ya se había corrido por lo menos siete veces -me veeengo, me vennngo todaaaa…, así siete veces- cuando, de pronto, dejó de jadear y me cogió la cara entre las manos:
-A ver esa mirada… Esos ojos… ¡Pero vos estás muy falto de cariño, pecoso! Tendré que quedarme para que puedas escribir. No te preocupes que yo te voy a querer un poquito.
No sé por qué, se detuvo a echarle un vistazo a mi polla.
-Pero sólo un poquito, ¿entendés?
Asentí con la cabeza, como los perritos. De toda formas siguió diciendo sólo un poquito cuando ya llevaba más de una semana instalada en mi casa.
Se la metí por todas partes.
Ese día y durante las semanas siguientes. A todas horas. Dale que te pego. Por todas partes, ya digo.
-¿Cuánto llevas escrito?-, me preguntaba a veces, ilusionada, mientras trataba de sacarse de la boca unos cuantos pelos de mi polla.
Cuatro líneas, ocho, dos páginas… Mi respuesta daba igual. Ella siempre quería más.
-Me veeengo, me vennngo todaaaa…
Dos rodajas de limón, sus ojos, al principio helados, ciegos, poco a poco se impregnaron de los colores del amanecer visto desde la terraza de mi beach from house. Te estallaba el alma en ellos al mirarlos. Cuanto más largo era el amor -quiero decir el folleteo- más se le iluminaban. Brillaban más que toda la angustia del mundo. Resplandecía enero, en medio de la peor masa de aire polar desde las últimas glaciaciones. Yo lo vi un poco exagerado, pero ella insistió:
-!Ah no, mi amor! Resplandecía; tú escríbelo, “Enero resplandecía” ¡Y que rabie el mundo!
Sí, su otra pregunta de la suerte era:
-¿Ya me querés?
-¿Vos me querés?
-¿Sentís que ya me querés?
-Pero, ¡me querés o no?
-¿Me estás escuchando, gallego boludo?
Yo, hecho a este mundo, al principio le respondía como con un palillo entre los dientes:
-Psa. Mujer, querer, querer….¿Cómo te lo diría yo…?
Pero ya la primera vez que nos vimos había hecho de mí un guiñapo -sí, así, toda por el culo, tooooda- y cuando, para celebrar nuestro primer mes juntos, jugamos a perseguirnos en cueros por toda Free Sex City, a las primeras de cambio se dejó acorralar en el puerquilavabo y la empalé entre el bided y una pared pringosa de grafitis delineados con excrementos:
-¡Te quiero,te quiero! ¡Oh, sí te quiero, gatinha! ¡Qué locura me has dado, condená!
-¡Ja,ja! Eso está bien, galleguito.
Sentí una pena de caballito palmeado en las ancas.
Al día siguiente…
Bueno, no importa.
Sí; ahora casi todo parece soñado; cada frase, cada día derramado como agua fresca de una fuente cristalina; el delirio de un infeliz:
-¡Hazme el animal encima de la mesa..!,
-¡Fóllame como a una perra, como a una perraaaaaaa…!
-¡Hazme el coño más grande; siiií, házmelo más grande a pollazoooos!
Pero fue real. O casi.
-Fóllame como un puerco y escríbelo como un demonio.
Sentí la dicha de la vida encontrándose con el arte, el final de la búsqueda de la escritura; el final, sin más.
-¡Quiéro que se envenene de celos!
-¿Qué…? !¿Quién?
-El muy cabrón…-, coincidió ella, continuando su monólogo.
-¡Rocky Eyre!, ¡ese chuloputas!
-No se te olvide poner mi nombre auténtico. Y contalo todo…
Se giró con sensual parsimonia hacia la puerta y su teta izquierda dijo lentamente adiós. Sentí que para siempre. Su nuca también era preciosa. Esta vez parecía que me estaba muriendo de verdad.
-Sin volverse, se despidió:
-…¡Hasta lo que no te dio tiempo a hacerme
!
No sé por qué, me acordé de un chiste, pero se me ha olvidado. Hacía frío.
16-19/11/09
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