Dec
12
Pronóstico Reservado
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PRONÓSTICO RESERVADO
A Martha.
Cuando C.M estaba a punto de decirle adiós a todo, una echadora de cartas del sim de Suïsse le pronosticó una increíble racha de buena suerte.
Ojalá no le hubiera hecho caso.
Como nunca escarmentaba, -qué puedo perder, se dijo- se animó a volver esa noche -la última, se juró, creyéndose capaz, por fin, de cumplir una promesa-, a la discoteca de Platonic Lovers. Con tan mala fortuna, que esa había sido, precisamente, la fecha elegida por la señorita L.B para no apagar el pecé a la hora jurada sobre la Biblia familiar.
Habida cuenta que la susodicha vestía falda corta punzante (¡wow, súper rebajada!) y ropa interior fina, (de muy mala catadura), en cuanto asomó por la puerta, el security cayó redondo al suelo antes de poder decirle:
-La entrada está reservada a los avi con membresía VIP,¡hija de mi vida!
Por simpatía, ante aquella deslumbrante aparición de la felicidad, comenzaron a explotar también los corazones de los avatares masculinos más próximos a sus muslos rebosantes –hmmmmmm- de corporal oil. A medida que L.B se acercaba a la pista de baile, el peligroso contoneo de su perímetro fue causando –Help me, help me,plz!… Mom! Moooom! – otros heridos de diversa consideración que recibieron los primeros auxilios de un médico presente en la sala.
En esa primera planta de la discoteca, el cuadro dantesco lo completaban -omg!, OMG!!!!- los chillidos histéricos de las mujeres que veían, impotentes, aquella sucesión de inexplicables calamidades.
Borracha de libertad, flotando -quizá en alcohol-, incapaz de distinguir el bien del mal, obsesionada por que aquella fuera la noche de su vida, L.B siguió adelante provocando estragos.
Al bajar las escaleras, en cuanto sus senos, alzando la voz por encima de su escote, comenzaron a decir, alternativamente:
-Aquí estoy yo…
-¡y yo también!,
quizá por el alto contenido en humo y ansiedad del ambiente, se desató una reacción en cadena que apenas dejó títere con cabeza. Hasta los cuadros se quedaban tiritando a su paso.
Compelidos por las circunstancias a demandar auxilio a la única persona que permanecía incólume en medio de aquella debacle -la propia L.B-, jóvenes poseídos por súbitas taquicardias, o por un vértigo que luego llamarían delicioso, o que echaban espuma por la boca con los ojos fuera de las órbitas, o simplemente descalabrados, se acercaban a ella implorándole socorro.
Como quiera que L.B viese echarse sobre ella, aferrarse a uno de sus tobillos, atarse a la suela de sus zapatos, tantos hombres con la lengua fuera y hablando en sánscrito o suajiri (como tomados por el diablo), tuvo lástimas de ellos, sí, y deseos de salvarlos a todos, por supuesto; pero, habiendo oído tantas veces en la escuela de enfermería la parábola del ahogado, recordó que había que evitar a toda costa su desesperación, para no verse arrastrada por ellos al fondo del mar. De manera que se los fue quitando de encima con medidos y serenos cachiporrazos que había aprendido en la Warriors Achademy, ente limado y limado de uñas; cachiporrazos, que ocasionaron, no obstante su ponderado cálculo, nuevos contusionados.
C.M. fue el único que no se apercibió de nada. Llevaba en el local tres horas y seis güisquis y, lo mismo que cada noche, eso a todo el mundo parecía importarle un pimiento. Así que, como, de todos modos, él sabía que iba a morir esa misma madrugada ahogado en su propio vómito (si no se le ocurría nada más valiente), había decidido prescindir ya del mundo y sumirse en la contemplación del más allá fijando los ojos en un aplique uniprim de la pared.
L.B; que tenía unas piernas perfectas, pero que quizá aún no se había dado cuenta de que era gafe, descubrió a C.M, sentado sobre un taburete, sin mover una pestaña. Confundió su rigidez de cadáver con presencia de ánimo, su corazón parado con una demostración de sangre fría, su mirada perdida con el cálido refugio que iba a protgrela de tanta catástrofe, antes de que a ella pudiera tocarla.
-Es la mirada más dulce que he visto en mi vida -le dijo ella, todavía unos metros antes de llegar junto a él, como si las palabras se le hubieran derramado empujadas por la emoción.
C.M. siguió haciéndose el muerto. Ella tuvo que cogerle la cara con las manos –¡con lo difícil que es hacer eso y el pastón que cuesta!-, volvérsela suavemente y repetirle las palabras, casi respirándoselas en la boca:
-Tienes la mirada más dulce que he visto en mi vida.
Su vida era muy corta. Quizá fue por eso, o porque él había entrado en coma de la impresión; el caso es que C.M. tampoco ahora dio muestras de estar ya en este mundo.
-Parece que esté en el cielo-, dijo, muy a propósito, desde el suelo, un dancer a quien cada frase de L.B le había partido una pierna.
Atormentada por no haber podido ayudar antes a todos aquellos moribundos fuera de sí, resuelta a sacar de aquel pasmo quieto a C.M., segura de que a él sí iba a poder salvarlo, echó mano de su manual de primeros auxilios y allí mismo le hizo el boca boca.
Pero C.M no era un agonizante cualquiera, -eso es lo que le había gustado de él- y L.B tuvo que repetir la operación varias veces para arrancar de él unos tímidos estertores, una tormenta de tos, un último hipido renuente, y para que aceptara luego, por fin, las primeras bocanadas de aire y besos.
Cuando C.M se dio cuenta de lo que había hecho, de lo que iba a hacer, sintió vértigo. Cayeron juntos el taburete y él. Él debajo, el taburete encima, como había ocurrido durante toda su vida. Luego, en todo el ojo, el vaso de güisqui. L.B. quiso sujetarlo, ayudarle una vez más; pero ya era tarde. También ella acabó rodando por la moqueta.
Afortunadamente, ella no perdió el conocimiento. Se levantó del suelo y ella mismo lo teleportó al coquetísimo Sunland Hopital del sim Dehesas Viejas donde, desde entonces, vela por él día y noche.
Según el último parte médico, los demás afectados se recuperan favorablemente y han sido dados de alta.
Sólo el paciente que responde a las siglas C.M permanece ingresado en la UVI, querido de gravedad.
Dec
12
Él (bolero)
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ÉL (BOLERO)
No son celos: son ganas de matarlo.
Si hubiera nacido con ese don, te juro que lo haría.
Llega otra vez la hora. Tengo que irme a dormir a RL, a mi rinconcito de ese mundo condenado, y te dejo a ti, a tu Atlantic City, orbitando sin mí en el ciberespacio.
Desconecto, cierro los ojos para intentar dormir, y ya me duele la cabeza. No, no es el tiempo, mona, no es el trabajo: es ese hombre que metes en nuestra cama en cuanto yo aterrizo.
Revienta el despertador en tierra firme, junto a mi oído; dentro de mi oído. Tú te revuelves entre las sábanas de nuestro skybox, ronroneas como una gata. Ojeroso y desgreñado, mientras me afeito en este mundo sé que estás soñando con él en el otro, en todos los demás. Ni siquera te molestas en crearte un alt, desgraciada. Sé que te arropas con sus últimos besos, que buscas el lado de la cama que te he dejado calentito, y piensas que esa tibieza es él, su cuerpo protegiéndote del frío, del mundo, de mí ojeroso y desgreñado.
Es un suplicio, cada madrugada, dejarte sola en el skybox viendo el canal porno del freetube. Y esperándolo. Me dan ganas de esconderme, de quedarme dentro de un armario hasta que venga y daros un susto de muerte. Pero el mundo ruge, reclamándome, como una fiera hambrienta. Y me tengo que ir. Que le aproveche a ese cabrón. Ya os veo retozando con calma, impunes, protegidos por las mismas obligaciones que a mí me esclavizan. Te veo a ti, pasarle la mano por detrás de la nuca, ofrecerle mi lado de la cama con ensañamiento innecesario…
No puedo seguir pudriéndome en esta contemplación de vuestro arrobo. Que os vaya bonito, miserables.
La puerta, el ascensor, cuatro pisos para abajo, y en mi retina todavía impreso el reflejo de vuestros cuerpos esparcidos en la cama; tus dedos jugando con los suyos, murmurándoles secretos que yo nunca conoceré, que nunca he sabido adivinar…
Salgo a la calle ciego. Qué más me da si es de día o de noche. Me apoyo en un árbol y vomito. Por eso sé que, para mí, comienza un día cualquiera.
En el trabajo, algunos días vuelvo a vomitar. Los compañeros me disculpan; tengo que soportar los peores clientes, fingen comprender… Maldita sea, quizá están todos enterados y lo que simulan es no saber. En cualquier caso, no se extrañan cuando, otras veces, me encierro en el lavabo sólo para concentrarme y llorar. Me cuesta, pero siempre consigo desprenderme de alguna lágrima. Fuera lastre, y a volver a casa como si nada.
Algunos días, salgo del metro una parada antes o una después. Hago tiempo. Quizá así consiga que llegues a aburrirte de él.. Paseo por las plazas, veo cómo se besan los jóvenes amantes. A él, al muchacho, lo observo atentamente durante un rato. Quizá este imbécil pueda darme una pista, pienso.
Llego a casa, finalmente. Y me conecto.
Volver del trabajo hecho un guiñapo, después de la oficina y del metro, después de que me ha pisoteado la cabeza la mitad de la ciudad que lleva traje y corbata, ¡y verte a ti con esa cara!; ¡ mientras a mí me están matando los callos, tú con esa sonrisa de oreja a oreja! Pero,¿qué te ha dado ese hombre, para que pierdas de ese modo la compostura? ¿No ves que te delatas? ¿No te da pena, viéndome llegar hecho un cristo, conservar en tus ojos esa lucecita de felicidad?
¡Un beso, me pides!, en cuanto llego, con esa sangre fría, supongo, que se adquiere viviendo en la mentira. Intento besarte en algún sitio libre que él no haya ensuciado con sus labios. Pero todos los poros de tu piel están ocupados, no se le ha pasado por alto ni uno, al muy canalla.
Tú, por darme conversación y distraerme, supongo, dices, por ejemplo:
-¡Ha sido un día maravilloso, querido!
O:
-¡Anoche montaron una fiesta tremenda en el sim de Dating-dating. ¡Tenías que haber estado!
Asquerosa. Yo batiéndome el cobre en la oficina y ese cabrón contigo mientras te preparas el desayuno y canturreas, siguiéndote por la casa mientras abres las ventanas para orear las habitaciones (¿qué pensarán de mí los vecinos?; pero, claro ¡a mí que me parta un rayo!: ¡el rey de la casa es él!), dando vueltecitas en tu mente mientras tú vas a la compra en la puta Atlantic City o posando desnudo en tu imaginación mientras preparas mi cena ya en el skybox…
¡Valiente hijo de puta! Para él debe ser muy fácil. Yo estoy cansado y él, feliz; yo vuelvo a casa, y él no se va nunca; yo te quiero todo el día, y él sólo en las horas punta!
¡Acabemos de una vez! Aunque de todas formas no haya derecho, admito que tú seas inocente. ¡Que se venga a dormir con nosotros! Démosle a la gente de qué hablar.
Estoy cansado, tengo que confesártelo, de luchar contra él. Nunca podré derrotarlo; lo sé. De modo que sí, que se quede de noche con nosotros, qué le vamos a hacer. Ya saldremos adelante como sea. Sólo te pido una cosa: delante de mí, no le digas que me quieres.
Que se quede sí, ya me has oído. Tengo mi desgracia tan pegada a su dicha, que ya no puedo distinguirlas. Puede que a veces me alcance para soportarlo, y yo también sonría cuando os améis; otras, cogeré toda mi ropa en silencio y echaré mis huesos sobre el sofá mientras tú, en la cama, comienzas a besarme muy despacio la manzanita del hombro.
Dec
6
En el castillo
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En el castillo
A Anna08 K.
Siempre llueve.
A veces sueño que me arrastran a media noche hasta un castillo del que ya no puedo salir.
Otras veces sueño que, en medio de la tormenta, logro escapar en el amanecer hasta el castillo que será mi salvación.
La lluvia golpea furiosa, como si escarbara en la tierra y en las miradas cautivas para desenmascarar algo -lo que sea- escrito con tinta invisible. Los vampiros me abrazan o me muerden; no consigo distinguirlo. Nunca.
Sólo veo el otoño –tal vez la primavera- desangrarse cuello abajo por mi hombro, por mi pecho. Una gotita llega cínica hasta mi corazón y late unos instantes junto a él. Finge ser una rosa que se abre o se marchita, una estrella, un abismo. Ojos, miles de ojos, por todas partes se quedan sin aliento, fijos en ese pálpito. El sol –a veces parece la Luna- duda y tiembla también, detenido frente a su propio precipicio.
Delante de mí, siempre, las paredes son transparentes; los espacios, infinitos. Bajo el laberinto de la lluvia, nunca sé si voy a morir o a resucitar cuando las atravieso. En el castillo.
5/6 dic 09
Nov
19
Quería que escribiese sobre ella
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QUERÍA QUE ESCRIBIESE SOBRE ELLA
El éxito las hipnotizaba.
Tiró al suelo la pluma y el libro que le acababa de firmar y, en medio del gentío y los fotógrafos, se me abalanzó.
-Quiero que escribas sobre mí.
Era rubia como la madre que la parió. Con un culo… ¡ Argentina, joder!
Como yo era idiota de nacimiento, ella -Nieves Browbil- hizo, rrrrras, rrrrras y se quedó allí mismo en pelotas.
-¡Sobre mí!- subrayó, las tetas al aire, despendoladas como dos cencerros.
El sim quedó bloqueado en un segundo con las peticiones de amistad que llovieron sobre ella. Lo único que pude hacer fue poner los ojos en blanco.
Comprendiendo que, definitivamente, yo era tonto de baba, ella tensó su cuerpo de walkiria y entonó:
-¡Que me folles con la pinga y luego lo escribas, subnormal!
Intenté pensar el modo de decirle, con la máxima delicadeza, que la cosa no funcionaba exactamente así; el oficio de escribir…, en fin…
Aunque debo reconocer que lo de subnormal me había puesto la polla mirando para saturno.
-¿Te volviste gueaey?-me escupió.
Tuve una pequeña explosión dentro del cerebro y vi salir el humo por mis orejas, igual que en los dibujos animados.
Impactada por mi estupor, ella pareció pensarlo mejor y corrigió:
-¿Sos bisexual?
-¿O travestí?
-¿Estás operado?
-¿No te hiciste las tetas, ah?
Antes de contestar, me saqué del inventario 3 cigarrilos de marihuana y me los fumé por las orejas; uno por la izquierda y dos por la derecha.¡Se me pusieron de coloradas!
-No,no,no -salí musitando torpemente en mi defensa, y, por si acaso, añadí, en voz aun más bajita- ¡no!
-¿Qué coño sos vos, ahora que lo pienso?
Yo miré a mi espalda para ver dónde se había quedado mi respiración. Leeeeento siiiiileeeeeeeeeeeeeeeenciiiioooo. Sensación de hombre rana. . Glu… Glu,glu.. Bum,bum; bum,bum.
-Nooooooooooooooooooooooooo!- conseguí reventar, por fin, como cuando rompes con un grito de loco una pesadilla- ¡Yo soy del grupo Gallegos Molones de los Cojones!: ¡Maaás machoo NOOO se puede ser! ¡Arriba España!
Ella pareció entender, porque no necesitó palabras para retorcerme con una mano las costuras más íntimas del pantalón -¿dónde venderán las bolas para hacer eso, (¡wow!)?- y envueltos en ellas, lisa y llanamente, los mismísimos huevos:
-¿Querés hacer el puto favor de ponerme la pinga tiesa y follisquearme toda, gallego pendejo de los cojones?
Sucede. A veces la amantes son confusas, te vuelven loco enviándote señales ambiguas. A lo largo de la historia de la novela de cámara, quiero decir, porque ella había abierto las piernas de par en par -nadie podía poner en duda que se había gastado un dineral en pussy- y aquel mensaje franco, universal, era penetrable hasta por el último esquimalito enterrado bajo varias capas de hielo. ¿No lo iba a entender yo que lo tenía tan cerca que podía olerlo?
-Quitá ese puto video de Metallica, vicioso maricón, y vení pacá.
Sólo pude pensar en nada.
-Escribano -me dijo mientras clicaba ya una bola-: te voy a pegar una follada que se te va olvidar cómo se coge un lápiz.
¡Me estaban llamando para los Juegos Olímpicos! ¡Por fin! Desenrosqué para la ocasión el medio metro de polla King Size que vuelve locas a las elefantas brasileiras, esas de los caderones de trasatlántico.
A lo mejor lo he dicho antes. La cosa se puso seria cuando la dejé elegir música y puso en el freetube Sweet Burgundi, de Tommy Bolin. Los huevos se me cayeron al suelo.
-Ahhh, Tommy Bolin…-dije en el vacío
-Siií, ¿qué pasa?,
-Nooo…Ehhhh…
-¿No puedo, merluzo?
-Siiií
-Pues, ¡entonces! A ver, ¡poneme la polla dura de una puta vez!
-Ya tan pescao tontín-pensé.
Yo creo que ya se había corrido por lo menos siete veces -me veeengo, me vennngo todaaaa…, así siete veces- cuando, de pronto, dejó de jadear y me cogió la cara entre las manos:
-A ver esa mirada… Esos ojos… ¡Pero vos estás muy falto de cariño, pecoso! Tendré que quedarme para que puedas escribir. No te preocupes que yo te voy a querer un poquito.
No sé por qué, se detuvo a echarle un vistazo a mi polla.
-Pero sólo un poquito, ¿entendés?
Asentí con la cabeza, como los perritos. De toda formas siguió diciendo sólo un poquito cuando ya llevaba más de una semana instalada en mi casa.
Se la metí por todas partes.
Ese día y durante las semanas siguientes. A todas horas. Dale que te pego. Por todas partes, ya digo.
-¿Cuánto llevas escrito?-, me preguntaba a veces, ilusionada, mientras trataba de sacarse de la boca unos cuantos pelos de mi polla.
Cuatro líneas, ocho, dos páginas… Mi respuesta daba igual. Ella siempre quería más.
-Me veeengo, me vennngo todaaaa…
Dos rodajas de limón, sus ojos, al principio helados, ciegos, poco a poco se impregnaron de los colores del amanecer visto desde la terraza de mi beach from house. Te estallaba el alma en ellos al mirarlos. Cuanto más largo era el amor -quiero decir el folleteo- más se le iluminaban. Brillaban más que toda la angustia del mundo. Resplandecía enero, en medio de la peor masa de aire polar desde las últimas glaciaciones. Yo lo vi un poco exagerado, pero ella insistió:
-!Ah no, mi amor! Resplandecía; tú escríbelo, “Enero resplandecía” ¡Y que rabie el mundo!
Sí, su otra pregunta de la suerte era:
-¿Ya me querés?
-¿Vos me querés?
-¿Sentís que ya me querés?
-Pero, ¡me querés o no?
-¿Me estás escuchando, gallego boludo?
Yo, hecho a este mundo, al principio le respondía como con un palillo entre los dientes:
-Psa. Mujer, querer, querer….¿Cómo te lo diría yo…?
Pero ya la primera vez que nos vimos había hecho de mí un guiñapo -sí, así, toda por el culo, tooooda- y cuando, para celebrar nuestro primer mes juntos, jugamos a perseguirnos en cueros por toda Free Sex City, a las primeras de cambio se dejó acorralar en el puerquilavabo y la empalé entre el bided y una pared pringosa de grafitis delineados con excrementos:
-¡Te quiero,te quiero! ¡Oh, sí te quiero, gatinha! ¡Qué locura me has dado, condená!
-¡Ja,ja! Eso está bien, galleguito.
Sentí una pena de caballito palmeado en las ancas.
Al día siguiente…
Bueno, no importa.
Sí; ahora casi todo parece soñado; cada frase, cada día derramado como agua fresca de una fuente cristalina; el delirio de un infeliz:
-¡Hazme el animal encima de la mesa..!,
-¡Fóllame como a una perra, como a una perraaaaaaa…!
-¡Hazme el coño más grande; siiií, házmelo más grande a pollazoooos!
Pero fue real. O casi.
-Fóllame como un puerco y escríbelo como un demonio.
Sentí la dicha de la vida encontrándose con el arte, el final de la búsqueda de la escritura; el final, sin más.
-¡Quiéro que se envenene de celos!
-¿Qué…? !¿Quién?
-El muy cabrón…-, coincidió ella, continuando su monólogo.
-¡Rocky Eyre!, ¡ese chuloputas!
-No se te olvide poner mi nombre auténtico. Y contalo todo…
Se giró con sensual parsimonia hacia la puerta y su teta izquierda dijo lentamente adiós. Sentí que para siempre. Su nuca también era preciosa. Esta vez parecía que me estaba muriendo de verdad.
-Sin volverse, se despidió:
-…¡Hasta lo que no te dio tiempo a hacerme
!
No sé por qué, me acordé de un chiste, pero se me ha olvidado. Hacía frío.
16-19/11/09
Nov
14
Apreciado Canalla
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APRECIADO CANALLA
Querido sinvergüenza:
En tu perfil te limitas a decir que en rl estás felizmente casado.
Pues bien; eres un hijodeputa fractal. Mira tú por dónde. La madre que te parió.
A mí me tiembla la mano cada vez que paso corriendo sobre tu nombre, al consultar la lista de contactos.
Contactos… ¡Cabrón! Y tú felizmente casado.
13-11-09
Nov
9
Perfect Avatar
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Perfect Avatar.
To J.J
Sus orejitas sobresalen con gracia infinita sobre su hermoso cabello rubio, sobre esas ásperas tardes de noviembre que ella deshace en cuanto llega a Bay City Airpot, moviendo la colita despacito sobre las tirillas del tanga, hmmmmmmmm.
Habla como baila, a bocanadas duras: Hi, whats up?, hey!!, okay??? hiyaaaa!… Qué heavy es mi niña, coño, ¡y cómo me gusta a mí domar a esas bestias pardas a pollazos!, siiiiiiiiiiiiiiiiiiii, maaaaaás, maaaaaaás….
Escribe seco y bronco en su perfil: Vamos no me jodas, viene a decir en sentido figurado y, sobre todo, literal. Me tiene acojonado. Me agarro los huevos cuando me planto delante de ella a contemplarla. Por si acaso.
Baila, baila a ratos, a ratos mágicos, de forma compulsiva, a estertores. Eléctricos. Su forma de bailar es única y, si la has visto sólo una vez, ya no harías otra casa en este vida o en las otras que follártela sin parar -uhhhhhhhh-. Nunca, ssssssssssiiiiiiiiiiiii….
Sacude el cuerpo bruscamente de un lado y otro y parece que el mundo -todos los mundos- se va a hundir cada vez que deja caer de golpe la cadera y el hombro, marcando el ritmo casi con furia. Sexual, claro, ahhhhhhhhhh.
Me gustaría hincarle la polla en cada sacudida de la música, levantarla del suelo a embestidas con mi pollón -wowwwww!- atómico. Reventarla y esparcir sus pedazos por el monitor, arder juntos en un cortocircuito, no esperar ya, no conformarse…Opsss!
Se me sofoca el calentón. Le acerco la cámara a la cara, llego, resbalando sobre una alfombrita de pecas, a sus ojos. Dios mío. No sabemos cómo, la belleza se ha instalado en ellos y, cuando nos mira de frente -¡hija de mi vida!- nos dice adiós para siempre…
No sé ustedes, señores, ¡pero a mí no me da la gana disimular más! ¡Quiero Jazz!. ¡Quiero Jazz o cicuta; una de dos!. ¡Que cada segundo, cada sorbo de aire venga con su Jazz puesto! ¡O que no venga, hostias!.
De pronto deja de bailar y baja la cabeza, como si le avergonzara nuestra vulgaridad…
O tal vez como si mirara, dentro de sí misma, la foto de rl que cuelga de su perfil. Hay un ángulo cortado, unos vidrios rotos, muchas sombras. Era imposible competir con semejante avi. Sólo pueden entrarte más ganas de llorar.
Su cara, medio oculta por el tiempo y la verdad, se asoma apenas a esta sorpresa de luz que a los demás nos ciega y nos la pone tiesa con honores. Adivinamos en ese rostro medio escondido, una mueca de pánico por el mismo sueño que nos embriaga a quienes babeamos mientras ella baila, nos araña o nos vomita encima:
-GET LOST!!!!!!!!!!!!!!!.
De cuando en cuando se le oye gemir al público en general, sin motivos particulares:
-Miewwww
o:
-Miwwwwww
Es una gata. ¡Joder!
7/9-11-09
Nov
7
Tormento fugaz
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TORMENTO FUGAZ
Yo que sé; un día cuando yo, todo puesto, quería ir a la home a pillar chochitos, SL empezó a enviarme a sitios muy raros. Para aligerar el tráfico. Sitios para novatos.
De pronto, en uno de ellos, en la otra orilla de una pequeña cala, vi una casita azul y unos cuantos árboles, como yo, desconcertados por la brisa del ocaso…. De inmediato pensé si habría una cama de sexo… ¿En un sitio para novatos…?
Me mojé un poco los pies al cruzar la playita. La puerta estaba entreabierta. En el mini mapa vi que había alguien dentro, una mujer… ¿Estaría en la cama de sexo? Me puse a buscarme la polla en el inventario y di un primer paso dentro de la casa.
En la semitiniebla, fue como un fogonazo ver iluminarse el rótulo brillante con su nombre: Sweet Ermintrood . Sí, fue un dulce rayo lo que sentí desgarrarme cuello abajo, llenarme de luz, apagarlo todo.
Sobre el mismo rótulo, sin esperar a verla, le cliqué a su perfil para que no se me escapara. Luego, bajé la cámara hacia ella. La polla se me quedó colgando en la primera posición; no me dio tiempo a darle al botón para ponerla dura. Su imagen me secó durante un segundo el alma. La sentí pasar de arriba abajo por mi cuerpo, como un escáner que se te llevase la piel, el dolor, los recuerdos. Sentí que me tambaleaba. Sin días pasados, sin ahora. Me ahogaba en una dicha sorda, sangrante, suave. En un instante, naufragé por completo en sus ojos, arrastrado, consumido por el presentimiento de un mundo de cataratas y jazmines, listo cada mañana bajo tu pie. Un infierno uniforme de dicha.
-Hi!-, acerté a decir.
Aparté la vista al instante, como si me quemara su contemplación, di media vuelta y salí de allí corriendo, volando hasta los confines del sim.
Pero sus ojos me persiguen desde entonces, suplicantes. Sus ojos, en medio de aquella semipenumbra, abiertos frente a mí a todas horas…
Ayer volví cien veces a la casita.
Vuelvo cada hora a la playa de novatos, salto volando hasta la casita y entro. Salgo.
Y vuelvo a entrar, por si acaso.
Varias veces.
Hasta que escojo un teleport a un sitio cualquiera y me pongo a leer su perfil. O cierro los ojos y lo repito de memoria. Lo único que dice es que esos ojos solo son un alt; que hay otros ojos todavía más hondos, más abiertos, más remotos y una dicha todavía más grande que puede doblar mi tormento.
Justo ahora que está aquí al lado, a la distancia de un Im, veo el cielo cada vez más lejano, más fugaz.
Yo qué sé.
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