PRONÓSTICO RESERVADO

A  Martha.

fireball pretty

Cuando C.M estaba a punto de decirle adiós a todo, una echadora de cartas del sim de Suïsse le pronosticó una increíble racha de buena suerte.
Ojalá no le hubiera hecho caso.
Como nunca escarmentaba, -qué puedo perder, se dijo- se animó a volver esa noche -la última, se juró, creyéndose capaz, por fin, de cumplir una promesa-, a la discoteca de Platonic Lovers. Con tan mala fortuna, que esa había sido, precisamente, la fecha elegida por la señorita L.B para no apagar el pecé a la hora jurada sobre la Biblia familiar.
Habida cuenta que la susodicha vestía falda corta punzante (¡wow, súper rebajada!) y ropa interior fina, (de muy mala catadura), en cuanto asomó por la puerta, el security cayó redondo al suelo antes de poder decirle:

-La entrada está reservada a los avi con membresía VIP,¡hija de mi vida!

Por simpatía, ante aquella deslumbrante aparición de la felicidad, comenzaron a explotar también los corazones de los avatares masculinos más próximos a sus muslos rebosantes –hmmmmmm- de corporal oil. A medida que L.B se acercaba a la pista de baile, el peligroso contoneo de su perímetro fue causando –Help me, help me,plz!… Mom! Moooom! – otros heridos de diversa consideración que recibieron los primeros auxilios de un médico presente en la sala.
En esa primera planta de la discoteca, el cuadro dantesco lo completaban  -omg!,  OMG!!!!- los chillidos histéricos de las mujeres que veían, impotentes, aquella sucesión de inexplicables calamidades.
Borracha de libertad, flotando -quizá en alcohol-, incapaz de distinguir el bien del mal, obsesionada por que aquella fuera la noche de su vida, L.B siguió adelante provocando estragos.
Al bajar las escaleras, en cuanto sus senos, alzando la voz por encima de su escote, comenzaron a decir, alternativamente:
-Aquí estoy yo…
-¡y yo también!,
quizá por el alto contenido en humo y ansiedad del ambiente, se desató una reacción en cadena que apenas dejó títere con cabeza. Hasta los cuadros se quedaban tiritando a su paso.
Compelidos por las circunstancias a demandar auxilio a la única persona que permanecía incólume en medio de aquella debacle -la propia L.B-, jóvenes poseídos por súbitas taquicardias, o por un vértigo que luego llamarían delicioso, o que echaban espuma por la boca con los ojos fuera de las órbitas, o simplemente descalabrados, se acercaban a ella implorándole socorro.
Como quiera que L.B viese echarse sobre ella, aferrarse a uno de sus tobillos, atarse a la suela de sus zapatos, tantos hombres con la lengua fuera y hablando en sánscrito o suajiri (como tomados por el diablo), tuvo lástimas de ellos, sí, y deseos de salvarlos a todos, por supuesto; pero, habiendo oído tantas veces en la escuela de enfermería la parábola del ahogado, recordó que había que evitar a toda costa su desesperación, para no verse arrastrada por ellos al fondo del mar. De manera que se los fue quitando de encima con medidos y serenos cachiporrazos que había aprendido en la Warriors Achademy, ente limado y limado de uñas; cachiporrazos, que ocasionaron, no obstante su ponderado cálculo, nuevos contusionados.
C.M. fue el único que no se apercibió de nada. Llevaba en el local tres horas y seis güisquis y, lo mismo que cada noche, eso a todo el mundo parecía importarle un pimiento. Así que, como, de todos modos, él sabía que iba a morir esa misma madrugada ahogado en su propio vómito (si no se le ocurría nada más valiente), había decidido prescindir ya del mundo y sumirse en la contemplación del más allá fijando los ojos en un aplique uniprim de la pared.
L.B; que tenía unas piernas perfectas, pero que quizá aún no se había dado cuenta de que era gafe, descubrió a C.M, sentado sobre un taburete, sin mover una pestaña. Confundió su rigidez de cadáver con presencia de ánimo, su corazón parado con una demostración de sangre fría, su mirada perdida con el cálido refugio que iba a protgrela de tanta catástrofe, antes de que a ella pudiera tocarla.
-Es la mirada más dulce que he visto en mi vida -le dijo ella, todavía unos metros antes de llegar junto a él, como si las palabras se le hubieran derramado empujadas por la emoción.
C.M. siguió haciéndose el muerto. Ella tuvo que cogerle la cara con las manos –¡con lo difícil que es hacer eso y el pastón que cuesta!-, volvérsela suavemente y repetirle las palabras, casi respirándoselas en la boca:
-Tienes la mirada más dulce que he visto en mi vida.
Su vida era muy corta. Quizá fue por eso, o porque él había entrado en coma de la impresión; el caso es que C.M. tampoco ahora dio muestras de estar ya en este mundo.
-Parece que esté en el cielo-, dijo, muy a propósito, desde el suelo, un dancer a quien cada frase de L.B le había partido una pierna.
Atormentada por no haber podido ayudar antes a todos aquellos moribundos fuera de sí, resuelta a sacar de aquel pasmo quieto a C.M., segura de que a él sí iba a poder salvarlo, echó mano de su manual de primeros auxilios y allí mismo le hizo el boca boca.
Pero C.M no era un agonizante cualquiera, -eso es lo que le había gustado de él- y L.B tuvo que repetir la operación varias veces para arrancar de él unos tímidos estertores, una tormenta de tos, un último hipido renuente, y para que aceptara luego, por fin, las primeras bocanadas de aire y besos.
Cuando C.M se dio cuenta de lo que había hecho, de lo que iba a hacer, sintió vértigo. Cayeron juntos el taburete y él. Él debajo, el taburete encima, como había ocurrido durante toda su vida. Luego, en todo el ojo, el vaso de güisqui. L.B. quiso sujetarlo, ayudarle una vez más; pero ya era tarde. También ella acabó rodando por la moqueta.
Afortunadamente, ella no perdió el conocimiento. Se levantó del suelo y ella mismo lo teleportó al coquetísimo Sunland Hopital del sim Dehesas Viejas donde, desde entonces, vela por él día y noche.

Según el último parte médico, los demás afectados se recuperan favorablemente y han sido dados de alta.
Sólo el paciente que responde a las siglas C.M permanece ingresado en la UVI, querido de gravedad.

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ÉL (BOLERO)

Reflejo

No son celos: son ganas de matarlo.
Si hubiera nacido con ese don, te juro que lo haría.
Llega otra vez la hora. Tengo que irme a dormir a RL, a mi rinconcito de ese mundo condenado, y te dejo a ti, a tu Atlantic City, orbitando sin mí en el ciberespacio.
Desconecto, cierro los ojos para intentar dormir, y ya me duele la cabeza. No, no es el tiempo, mona, no es el trabajo: es ese hombre que metes en nuestra cama en cuanto yo aterrizo.
Revienta el despertador en tierra firme, junto a mi oído; dentro de mi oído. Tú te revuelves entre las sábanas de nuestro skybox, ronroneas como una gata. Ojeroso y desgreñado, mientras me afeito en este mundo sé que estás soñando con él en el otro, en todos los demás. Ni siquera te molestas en crearte un alt, desgraciada. Sé que te arropas con sus últimos besos, que buscas el lado de la cama que te he dejado calentito, y piensas que esa tibieza es él, su cuerpo protegiéndote del frío, del mundo, de mí ojeroso y desgreñado.

Es un suplicio, cada madrugada, dejarte sola en el skybox viendo el canal porno del freetube. Y esperándolo. Me dan ganas de esconderme, de quedarme dentro de un armario hasta que venga y daros un susto de muerte. Pero el mundo ruge, reclamándome, como una fiera hambrienta. Y me tengo que ir. Que le aproveche a ese cabrón. Ya os veo retozando con calma, impunes, protegidos por las mismas obligaciones que a mí me esclavizan. Te veo a ti, pasarle la mano por detrás de la nuca, ofrecerle mi lado de la cama con ensañamiento innecesario…
No puedo seguir pudriéndome en esta contemplación de vuestro arrobo. Que os vaya bonito, miserables.

La puerta, el ascensor, cuatro pisos para abajo, y en mi retina todavía impreso el reflejo de vuestros cuerpos esparcidos en la cama; tus dedos jugando con los suyos, murmurándoles secretos que yo nunca conoceré, que nunca he sabido adivinar…
Salgo a la calle ciego. Qué más me da si es de día o de noche. Me apoyo en un árbol y vomito. Por eso sé que, para mí, comienza un día cualquiera.
En el trabajo, algunos días vuelvo a vomitar. Los compañeros me disculpan; tengo que soportar los peores clientes, fingen comprender… Maldita sea, quizá están todos enterados y lo que simulan es no saber. En cualquier caso, no se extrañan cuando, otras veces, me encierro en el lavabo sólo para concentrarme y llorar. Me cuesta, pero siempre consigo desprenderme de alguna lágrima. Fuera lastre, y a volver a casa como si nada.
Algunos días, salgo del metro una parada antes o una después. Hago tiempo. Quizá así consiga que llegues a aburrirte de él.. Paseo por las plazas, veo cómo se besan los jóvenes amantes. A él, al muchacho, lo observo atentamente durante un rato. Quizá este imbécil pueda darme una pista, pienso.
Llego a casa, finalmente. Y me conecto.
Volver del trabajo hecho un guiñapo, después de la oficina y del metro, después de que me ha pisoteado la cabeza la mitad de la ciudad que lleva traje y corbata, ¡y verte a ti con esa cara!; ¡ mientras a mí me están matando los callos, tú con esa sonrisa de oreja a oreja! Pero,¿qué te ha dado ese hombre, para que pierdas de ese modo la compostura? ¿No ves que te delatas? ¿No te da pena, viéndome llegar hecho un cristo, conservar en tus ojos esa lucecita de felicidad?
¡Un beso, me pides!, en cuanto llego, con esa sangre fría, supongo, que se adquiere viviendo en la mentira. Intento besarte en algún sitio libre que él no haya ensuciado con sus labios. Pero todos los poros de tu piel están ocupados, no se le ha pasado por alto ni uno, al muy canalla.
Tú, por darme conversación y distraerme, supongo, dices, por ejemplo:
-¡Ha sido un día maravilloso, querido!

O:

-¡Anoche montaron una fiesta tremenda en el sim de Dating-dating. ¡Tenías que haber estado!

Asquerosa. Yo batiéndome el cobre en la oficina y ese cabrón contigo mientras te preparas el desayuno y canturreas, siguiéndote por la casa mientras abres las ventanas para orear las habitaciones (¿qué pensarán de mí los vecinos?; pero, claro ¡a mí que me parta un rayo!: ¡el rey de la casa es él!), dando vueltecitas en tu mente mientras tú vas a la compra en la puta Atlantic City  o posando desnudo en tu imaginación mientras preparas mi cena  ya en el skybox
¡Valiente hijo de puta! Para él debe ser muy fácil. Yo estoy cansado y él, feliz; yo vuelvo a casa, y él no se va nunca; yo te quiero todo el día, y él sólo en las horas punta!
¡Acabemos de una vez! Aunque de todas formas no haya derecho, admito que tú seas inocente. ¡Que se venga a dormir con nosotros! Démosle a la gente de qué hablar.
Estoy cansado, tengo que confesártelo, de luchar contra él. Nunca podré derrotarlo; lo sé. De modo que sí, que se quede de noche con nosotros, qué le vamos a hacer. Ya saldremos adelante como sea. Sólo te pido una cosa: delante de mí, no le digas que me quieres.
Que se quede sí, ya me has oído. Tengo mi desgracia tan pegada a su dicha, que ya no puedo distinguirlas. Puede que a veces me alcance para soportarlo, y yo también sonría cuando os améis; otras, cogeré toda mi ropa en silencio y echaré mis huesos sobre el sofá mientras tú, en la cama, comienzas a besarme muy despacio la manzanita del hombro.

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IN THE CASTLE

I captured the château de Tornac !

A Anna08 K.


It always rains.
Sometimes, I dream that at midnight I am drawn to a castle that I can not leave.
Other times, I dream that in the midst of the storm, managed to escape at daybreak to the castle to be my salvation.

The rain beats furiously, as if it were digging in the ground and gaze captive to expose something, anything, “written in invisible ink. Vampires hug me or bite me, I can not tell. Never.
I only see the fall-perhads the spring- bleed neck down my shoulder, my chest. A cynical droplet reaches into my heart and it beats a moment with him. Pretend to be a rose that opens or withers, a star, an abyss. Eyes, thousands of eyes, everywhere was out of breath, fixed on that hunch. The sun -sometimes seems te moon- doubt and tremble, too, stopped in front of his own precipice.

Ahead of me, always, the walls are transparent; the spaces, infinite. Under the labyrinth of the rain, I never know if I’m going to die or to resuscitate when I cross. In the castle.


^^Just an automatic translation; feel free to translate to real english in the comments!^^


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I captured the château de Tornac !

En el castillo

A  Anna08 K.

Siempre llueve.
A veces sueño que  me arrastran a media noche hasta un castillo del que ya no puedo salir.
Otras veces sueño que, en medio de la tormenta, logro escapar en el amanecer hasta el castillo  que será mi salvación.

La lluvia golpea furiosa, como si escarbara en la tierra y en las miradas cautivas para desenmascarar algo -lo que sea- escrito con tinta invisible. Los vampiros me abrazan o me muerden; no consigo distinguirlo. Nunca.
Sólo veo el otoño –tal vez la primavera- desangrarse cuello abajo por mi hombro, por mi pecho. Una gotita llega cínica hasta mi corazón y late unos instantes junto a  él. Finge ser una rosa que se abre o se marchita, una estrella, un abismo. Ojos, miles de ojos, por todas partes se quedan sin aliento, fijos en ese pálpito. El sol –a veces parece la Luna- duda y tiembla también, detenido frente a su propio precipicio.

Delante de mí,  siempre, las paredes son transparentes; los espacios, infinitos. Bajo el laberinto de la lluvia, nunca sé si voy a morir o a resucitar cuando las atravieso. En el castillo.

5/6 dic 09

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